Ensalada automática de anécdotas

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Con tanto leer el título me ha entrado hambre, pero estoy siguiendo una dieta buenísima: no comer ensalada. Es broma, estoy siguiendo un estricto régimen alimentaciriano. Que esperaré hasta la hora de cenar; no tengo nada comestible… O sí…

Cuando era más joven* me interesé por la música. No aprendí a escribir, ni a componer -no sé si será lo mismo, pero lo pongo para alargar la lista- ni a cantar bien ni a tocar más de unas cuantas notas. Al principio me interesé por el banjo, pero poco después rebajé las expectativas y me centré en tocar el triángulo. Es más difícil de lo que parece. Cuando por fin pude dominar el instrumento, elegí la guitarra eléctrica ella me eligió a mí. Aprendí unas cuantas notas y me aburrí. No porque fuera un desastre, sino porque perdí el interés y además era un desastre.

Una vez me pinté las uñas. Pensé que sería divertido lamer las uñas y que tuvieran sabor a fresa. Pero no, es asqueroso.

No me gusta que la gente me mire. Nada. Ni que vengan a mi casa. Cada uno en su burbuja. ¿Que soy agresivo e irracional? ¿Quién eres para juzgarme? Si soy así es porque la sociedad me ha hecho así. He tenido malas experiencias con gente cercana. No en sentido familiar, sino distancial. No distancial metafórico, sino distancial literal.

Llevo coleta desde hace años. Me voy cortando el cabello, claro. Soy bastante pudoroso en cuanto a todo lo relacionado con la higiene capilar. Si es ejerciéndola, mejor. Gracias a la coleta no tengo que preocuparme por qué peinado llevar. No tengo problemas excepto con la gente que tira a sus conciudadanos de las coletas. Los odio. Como a los ciclistas.

No conduzco demasiado excepto cuando me pongo a conducir. Cualquier excusa es buena para recorrer kilómetros y vaciar el depósito.

Cuando era pequeño no me gustaba el café. Ahora no puedo vivir sin él; no habría medio de levantarme de la cama.

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  • Dícese de aquel viejo que se refiere a sí mismo como joven, pero no tanto.

Hablando solo

 

Intento ir a dormir con la certeza de que el próximo día será más valioso, que, de alguna forma, el Pepe de mañana será mejor que el Pepe de hoy. “Aprenderé alguna lección”, “conoceré a alguien”, “me tocará la lotería” o “dejaré de ser tan yo” son algunos de los deseos que me acompañan durante el sueño. Pero la realidad siempre supera a la ficción y cada día resulta ser, de un modo u otro, una decepción.

Hoy mismo, por ejemplo, ha resultado ser un fracaso; ha pasado poco más de medio día y ya quiero borrarlo entero. Al menos he confirmado lo que sospechaba, que entiendo de dónde procede el odio a mí mismo: de no actuar cuando debería y de actuar de forma errónea por la imposibilidad de mantener los pies en el suelo por completo y de dejar de cometer estúpidos errores. Me descentro un momento y los esfuerzos de varias horas han resultado inútiles. La satisfacción por haber aprovechado el tiempo se desvanece para dejar paso, por este orden, a la incredulidad, al “tierra trágame”, al odio a la vida, al odio a uno mismo y, al final, uno aprende de sus errores y acepta que errar es humano.

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No suelo pasar de la fase de odio a uno mismo, y hoy no será una excepción. En un segundo todo puede cambiar. Las bases que nos ayudan a seguir adelante pueden derrumbarse en cualquier momento ante cualquier leve brisa imprevista, y con ello se deja vía libre a la anarquía de los elementos. Es un sistema muy débil que debe reforzarse mentalmente, con cariño y apoyo a uno mismo.

Por favor, no seáis como yo. Prestad atención a todo cuanto hagáis y no dejéis las cosas para el último momento, porque quizá no lo habrá. Seré vulgar -como siempre-: haced lo posible para evitar la sensación de haberla “cagado”, porque no podréis volver atrás y enmendar vuestro error. Tan solo podemos aceptar las consecuencias de nuestras acciones y reparar cuanto podamos. Con la edad es más difícil concentrarse y se es más propenso a actuar sin pensar, pero si os acostumbráis a pensar antes de actuar, estos problemas no serán tan graves.

 

Polémica: Tauromaquia

El otro día -hace meses- leí en el blog de My Magic Kingdom una entrada sobre la tauromaquia en la que expresaba su valiosa opinión. Eso me dio una idea: escribir de vez en cuando sobre algún tema polémico. Pero no escribir el típico texto en el que comparta mi opinión -que también-, sino crear un lugar donde exponer un tema y participar aportando tanto argumentos a favor como en contra. Es un ejercicio que no me vendrá mal para centrar la mente unos instantes y redescubrir cómo se razona.

Mucho se ha hablado ya sobre este tema y pareciera que, a juzgar por hechos recientes, la sociedad se está decantando por la opción de limitar o prohibir el toreo, no sin haber resuelto un largo debate que a día de hoy sigue en boga.

A favor del toreo

Proporciona entretenimiento para miles de espectadores, miles de puestos de trabajo y dinero que podría ser usado por el estado para variar y hacer algo de provecho. Además, tengo entendido que los toros viven como reyes hasta el día de su asesinato muerte -intentaré ser imparcial. Es un espectáculo que forma parte de nuestra cultura y una tradición que se remonta a varios siglos atrás. Algunos defienden que los toros no sienten dolor y que se trata de una lucha a muerte con honor.

En contra

Se maltrata y -ahora sí- se asesinan animales que, sin comerlo ni beberlo, se encuentran en medio de una plaza con gente gritando y tipos torturándolo. Es una tradición bárbara, inhumana -entendiendo inhumana como cruel, no como simple– y no tiene nada de cultura. Que en pleno siglo XXI se crien animales para torturarlos y mutilarlos ante la muchedumbre que aplaude victoriosa, es un claro indicio de nuestro retraso como sociedad.

Fin

Estos son los argumentos más utilizados por los dos bandos. No dudéis en aportar cualquier opinión o información que consideréis relevante o proponer futuros temas.

Inhumano

bear-1802369_640.jpgHan pasado unos tres meses desde entonces, pero he de decir que gracias a un comentario anónimo se presentó ante mí un concepto que parecía chocar o dejar sin sentido al concepto de humano: “En contraposición, qué es para tí ser inhumano? Un saludo”.

No sé a quién agradecerle esta oportunidad, así que diré un nombre al azar: gracias, Mariano. Partiendo de lo que escribí, hago un ejercicio de autocrítica para que algo positivo salga de todo este meollo. Para resumirlo mucho, para mí “humano”engloba todo aquello que percibimos desde nuestro punto de vista, tanto lo positivo como lo negativo. Tal y como entendemos la vida bajo nuestras propias reglas, podemos actuar de formas prácticamente infinitas. Decía philosophizedsite en otro comentario “(…) El ser Humano, ganarse ese título, es una conquista; conquista del hombre consciente, de su ”animalidad” y de su ”divinidad”(al poder crear y crearse), sobre la pura bestia racional.” El ser humano, como lo percibimos, tiene un potencial inmenso en su ser, pero hay que domarlo. La bondad y la maldad son uno, la animalidad y la divinidad también, pero debemos distinguirlos para avanzar usando nuestra mayor arma: la razón. Inhumano, por el contrario, es algo simple, algo que cualquier ser vivo -incluso una planta- podría hacer. No es en sentido despectivo. Es inhumano todo aquello que no tenga la capacidad de razonar y de ser consciente de nuestro paso por el mundo. ¿Significa esto que un loco maníaco homicida psicópata alucinógeno no es humano porque no es consciente de lo que hace? La humanidad es inherente al humano, desde esta perspectiva sí sería humano. Además, aunque el comportamiento se acerque más al de un animal, recordemos que “humano” incluye tanto comportamientos positivos como negativos. Una persona será siempre humana, haga lo que haga, porque, aunque no sea capaz de hacer nada, en su interior se despliega el infinito. Todo aquello que no sea humano es inhumano (aplausos). Si un animal le salva la vida a un hombre, ¿no estaría haciendo algo humano? El animal no razona, actúa por instinto.eng-1799362_640.jpg

Para los diccionarios, humano e inhumano son también antónimos: humano significa bondadoso e inhumano cruel. Desde esta perspectiva, ser inhumano es atentar contra todo lo que la sociedad considera el bien. Usar la palabra que nos define como especie para referirse a los principios que la sociedad occidental ha establecido en sus leyes y cultura no me parece justo; la palabra “humano” debe definirnos a todos. Ser humano “es una conquista”. Ser inhumano es una derrota; es negarse a los atributos que se te han concedido, negar la oportunidad de convertirte en aquello que estás destinado a ser.

Confieso mi mejor-peor secreto

Aviso a navegantes: este texto contiene contenido escatológico; absténganse las buenas personas.

 

Tras más de un año de compartir experiencias, ideas y pensamientos en este mar de ceros y unos escondido en lo más profundo del Wifi -un término nuevo que he aprendido hace poco-  me siento obligado a contar uno de mis secretos para que veáis que no soy un dios y así seguir compartiendo mi día a día: sufro pérdidas de orina. Es uno de los regalos que la naturaleza te otorga como recompensa por haber llegado con vida a cierta edad. He de decir que no es nada grave, he tenido la suerte de que, dentro de lo malo, era lo mejor que podía ocurrir. Buf, qué bajón -como dicen los mozalbetes de hoy en día- darse cuenta de que eres un conformista.

Hace algunos años noté que cada vez me costaba más controlar mi… tubo de escape. Se escapaba algún residuo que otro, pero nada que no pudiera arreglarse con un poco de limpieza. Soy de los que evitan ir al médico a toda costa: entras con un simple catarro y sales con cuatro recetas, varias citas con médicos especialistas y todas las piruletas que los bolsillos puedan soportar. No me siento orgulloso de qué consiguió que fuera cagando leches, pero tengo la sensación de que si lo escribo, si logro sacar mi pasado de mi interior y plasmarlo en un presente infinito compuesto por letras como recordatorio de lo desgraciado que el ser humano puede llegar a ser, podré afrontarlo y dejará de molestarme. Hace algún tiempo estaba en mi casa; recuerdo estar recogiendo y ordenando -incluso yo tengo mis límites con respecto al caos y la suciedad- con una leve pero extraña sensación de fluidos dentro de mí. Mientras recogía ropa del suelo no pude evitar fijarme en que mi zona pélvica estaba mojada. “Estará lloviendo dentro otra vez”, me expliqué, “sigue a lo tuyo y recógelo todo”. El olor se hacía más intenso y las gotas no paraban de caer sobre la alfombra. Examiné la zona cero y, en efecto, estaba lloviendo otra vez, pero no como esperaba.

Intento ingerir menos líquidos, pero lo de fumar menos no entiendo a qué viene, así que sigo igual. ¿Quieres estar en forma? Fuma menos; ¿Quieres tener una dentadura perfecta? Fuma menos; es su solución para todo. De vez en cuando hago algunos ejercicios que me recomendó el bueno del doctor y que no pienso reproducir aquí.

Orfeo 101

La suciedad del pasillo impedía que me escurriera y organizara una fiesta de envases, botes y enormes estantes caídos. El viejo y dulce carrito ya no daba más de sí: sus cansadas ruedas apenas seguían girando con tantos restos de mugre solidificados por el excesivo uso. “Piensa Pepe”, me dije, mientras mis dos orbes se enfilaban hacia la zona de pago. Estaba claro que mi avenamulet-2027504_640.pngturado viaje había concluido si no lograba rescatar las provisiones del carrito y conseguir transportarlas hasta la salida. De lo contrario, todo habría sido en vano. Dejé el carrito ahí en medio, a la vista de las curiosas y aceleradas figuras antropomórficas que quitaban y colocaban productos de consumo para marcharse y desaparecer por siempre jamás de mi vida, y me embarqué en una dura y peligrosa misión. Tras dar vueltas y vueltas negándome a contactar con otro ser vivo y demostrando mi independencia y asertividad, al fin encontré bolsas adecuadas para el transporte. Cuanto menos quedaba en el carrito más triste me sentía por dejarlo ahí tirado, abandonado a su suerte en un mar de necesidades y consumismo, pero debemos dejar atrás aquello que nos encadene a un presente en el que ya no queremos estar. “Si miro atrás estoy perdido”, me repetí como un mantra hasta que salí del execrable pasillo.

Una colosal bestia gargantuesca, apuntalada por otras de menor tamaño, guardaban la salida como Cerbero custodiaba las puertas del inframundo. Decidí guardar una prudente distancia y trazar un plan alternativo. Un recuerdo surgido de la aparente nada me golpeó durante un imperceptible instante: “la música relaja a las bestias“. Era palmario que debía actuar deprisa si no quería quedarme encerrado en aquella guarida, así que, sirviéndome de la experiencia adquirida por noches de sigilo, me dirigí a la sala musical para crear una distracción. Un horrible ser produjo ruidos enigmáticos e incomprensibles al verme dentro. Alcé las manos y los brazos como signo de paz y le ofrecí una lata de ambrosía a cambio de usar sus artilugios. Oprimiendo unos botones y conjurando unos cuantos hechizos conseguí que toda la cueva produjera una dulce melodía. Mas mis acciones no consiguieron el resultado goblin-1612076_640.jpgesperado: las bestias se fragmentaron y los pedazos salieron expulsados hasta la salida y los moradores, gritando y pataleando, no tardaron en seguirlos.

Al salir de la sala vi que quedaban solamente los rezagados y los amados que no querían separarse, pero conocía de sobra su modus operandi y no tardarían en volver. Aproveché el momento y salí de la cueva a toda prisa justo a tiempo para evitar un monstruo rojo con sus hijos rojos. Sin duda, la estampa de la luz del inmenso orbe celestial mientras me dirigía a la taberna con mis provisiones era recompensa suficiente por haber sufrido tantas penalidades. Se hablaría de mis hazañas y me invitarían a beber, ¿qué más se puede pedir?

 

Adopción accidental

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Sentirse solo puede ser un problema para aquellos que están acostumbrados a estar rodeados personas que se preocupan por ellos o, simplemente, de estar con alguien más: una pareja, un amigo, un conocido… Por eso, cuando esa gente se encuentra sola, suele tener sentimientos tristes y empiezan a deprimirse, como si les faltase una parte de sí mismos. En mi caso, diría que no tiene nada que ver; de vez en cuando me pregunto si estaré metido en mi burbuja de solitud cuando en realidad debería salir y combatir mi soledad. ¿Por qué nos creó diosito? ¿Por qué existimos? Para combatir la soledad. Sea por lo que sea, el universo necesita distintos entes en su interior. Nosotros, como animales sociales que somos, necesitamos encajar: en la sociedad, en un grupo de lectura, en un equipo, en la familia… Es una distracción más que evita oscuros pensamientos sobre nuestra corta estancia. Aún así, dudo que formar parte de un ente más grande que nosotros sea el objetivo final, pero por algo hay que empezar.

Conozco un gato. Lo veo por el barrio de vez en cuando, y en ocasiones hasta en una barandilla de las escaleras del edificio. Es un gato feísimo; debe ser una señal. No me gustan los animales; no los entiendo. Diré más, no es que no los entienda, es que los odio. Los odio porque los envidio. Siguen los dictados de sus instintos primarios y cumplen las órdenes de la genética. Y tan contentos. ¿Y por qué no? Esto sería muy aburrido con la soledad, ¿qué sentido tendría? ¿Tener tiempo de sobra para conocer cada recoveco de nuestro cuerpo y nuestra mente? ¿Por qué tenemos descendencia? Porque la naturaleza tiene miedo. Tiene miedo de quedarse sola. Somos las consecuentes víctimas de ese miedo. Puede que la clave resida en el compartir, pero me niego a ser comunista.

Como defensor solitudario que soy, contemplo la compañía desde un particular prisma. Elegí la senda del dolor, de la autocompasión, de la elaboración de mentiras. ¿Y si he estado equivocado? ¿Y si estar con alguien no es un signo de debilidad? ¿Y si encontrar la media naranja no es solamente un invento del capitalismo sino un objetivo vital para lograr alcanzar un ideal vital superior? En fin, que voy a adoptar algún animal. Probablemente un gato. Seguramente el gato de las escaleras.

 

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