Por un puñado de urnas

elections-1496436_640.pngEl primer día del cercano próximo mes de octubre se llevará a cabo en Cataluñnya -no me siento seguro escribiéndolo en una sola lengua- una votación para decidir si se quedan o se van de esa unidad formada por las Comunidades Autónomas y llamada España. Si a una mesa le quitas una pata, ¿seguirá siendo una mesa? Si Catalonia que, según grandes pensadores extranjeros, “is not Spain” y si efectivamente no lo fuera o dejara de serlo, ¿qué sería de nosotros?

La postura del Gobierno de España -creo que es la primera vez que lo escribo sin cachondeo- y de los tribunales -que ostentan el poder legislativo y la última palabra en cuanto a si esto o aquello se ajusta al ordenamiento jurídico- es clara: el Referéndum per la Independència de -ahora sí- Catalunya es ilegal porque no se ajusta a los procedimientos establecidos. No sé cuáles son los procedimientos establecidos. Pero si los hay significa que la posibilidad de independizarse ha estado presente desde… no lo sé… la Constitución, supongo.

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Lo que tenemos aquí son varios hechos: la Guardia Civil se ha quedao’ con urnas y otros materiales y ha detenido políticos relacionados con la puesta en marcha del Referéndum. O quizá sólo ha sido a uno. En fin, los políticos son lo de menos, lo preocupante son las urnas. Les costó Dios knows what -hoy estoy multilingüe- poder disponer de urnas para votar. Un golpe bajo, aunque fueran urnas ilegales, de estas urnas que no te gustaría encontrarte en un callejón porque podría obligarte a meterle papeles votando la Independencia de Catalunya o el exterminio de bebés, depende de su humor en ese momento.

Pero yo me pregunto: si desde el principio se ha dicho desde la postura “oficial” que el Referéndum es ilegal… ¿Qué? ¿Que ya hicieron uno? Pues está más que claro. Por muchas urnas y muchos políticos que detengan -y por muchos carteles falsos que inciten a votar que cuelguen- oficialmente el Referéndum es ilegal. Así que, digo yo, ¿para qué tantas molestias si el Gobierno no aceptará ni dejará que Catalunyña sea independiente? ¿No demuestra con estas acciones que hay un peligro real? Si el referéndum es ilegal pues ya está, que lo hagan para nada, pero seguirles el rollo despierta más preguntas: ¿y si el Gobierno está desesperado? ¿y si a Puigdemont y cía. -si no los han detenido para entonces- les da igual todo y se independizan y Rajoy también se vuelve loco y empiezan a detener a todos los implicados en el Referéndum -incluso als votants– y empieza la 3era Guerra Mundial? Sí, me he pasado, pero no saber qué sucede me obliga a imaginarme qué sucederá. Y ya sabéis cómo soy.

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El túnel

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A pocos metros las vías terminaban bruscamente y la masiva presencia de árboles, rocas y matojos indicaban que desistieron en su esfuerzo por acabarlas. Había tan solo herramientas y máquinas abandonadas, a las órdenes entonces de soñadores y ahora testigos de su estridente fracaso. La oscuridad, que se había elevado hasta cubrir cada recoveco a la vista, creaba un escenario triste y vacío de significado.

– No puede estar pasando -musitó. Se detuvo, se llevó una mano a la sien y empezó a acariciarla suavemente.

– ¿Y bien? ¿Hemos llegado ya? -inquirió Prona. El cabello oscuro ocultaba su desfigurado tatuaje y contrastaba con sus llameantes e increíbles ojos de colores indescifrables.

– Sí, está justo ahí delante -respondió Arin con artificiosa naturalidad.

Al acercarse justo al final de las vías, la luna empezó a emerger de entre las densas y opacas nubes y ráfagas de suave viento hacían danzar hojas y ramas. Algún animal de la noche dejaba verse u oírse durante pocos segundos: aves y pequeños roedores que habían establecido allí su hogar. Los restos de maquinaria y construcciones en ruinas contrastaban con la majestuosidad del frondoso bosque que se abría ante ellos, visible por la luz desprendida por la luna llena.

– Ilumina tanto como el Sol, para aquellos que pueden verla. Sé que es aquí -aseguró Prona.

– ¿Dónde? Me dijeron que había una entrada -respiró hondo y el frío aire llenó momentáneamente sus pulmones. Se frotó su sien, cada vez con más ahínco.

– No necesitas esto -se acercó y le puso la mano sobre su cabeza- Necesitas esto -dijo mientras le ofrecía con la otra mano un refresco- Bebe.

Arin fijó los ojos en los suyos y, ruborizado, tomó el buen trago que necesitaba. Volvió a inspirar y expirar una gran cantidad de aire y se encaminó hacia un cúmulo de rocas, junto a un pequeño edificio medio construido y medio en ruinas.

– No hay puerta ni techo, pero es un buen escondite -echó un vistazo.

– Sabes donde es. Llévame ahí -inquirió Prona mientras miraba a la nada.

Las esquinas guardaban herramientas y uniformes. Algunas taquillas quedaban en pie, alzadas y solitarias, mientras otras fueron sometidas por los escombros. Arin paseó por entre las ruinas del edificio, una y otra vez, hasta que se detuvo ante una blanca pared.

– Esta pared… No debería estar aquí. El edificio parecía más grande desde fuera y si la comparas con las otras se ve claramente que es más nueva -acarició la pared con las manos- Es muy suave. Necesito…

– Aquí tienes -le pasó un pequeño pico.

– ¿Lo has llevado todo este tiempo? -frunció el ceño.

– Lo he encontrado justo aquí. Rómpela -ordenó con complicidad.

La mayor parte de la pared se desmoronó con facilidad ante unas cuantas embestidas del pico.

– Aquí sí hay techo -observó Arin- Deberíamos haber traído algo para ver qué hay.

Prona se le acercó por la espalda, le puso sus manos sobre los hombros y le susurró: “concéntrate y lo verás”. Arin entrecerró sus ojos y, en pocos segundos, se acostumbraron a la oscuridad. La sala era pequeña en comparación con las otras, y no parecía guardar nada de valor. Entró en ella, desapareció y se oyó un golpe.

–  ¿Estás bien? -gritó Prona mirando hacia abajo.

– Sí, pero creo que he roto algo. Es el pico -se alivió al notar el mango roto- Debe haber unos tres o cuatro metros de profundidad. Debería haberlo visto -miró hacia arriba, desde donde el desafiante agujero gobernaba, impasible e inmóvil- Ve con cuidado al bajar. Antes deberías encontrar alguna forma de regresar.

– Buscaré alguna cuerda. Toma esto -dejó caer un paquete- Investiga mientras tanto.

– ¿Cerillas? -contestó Arin levantando una ceja.

– ¿Tienes algo mejor? ¿Visión nocturna?

Arin resopló, cogió el paquete de cerillas y se puso en pie. No podía diferenciar cuándo sus ojos estaban abiertos o cerrados; ahí dentro la luz era arrebatada y sumida en el misterio. El olor a tierra mojada escondía restos de un singular aroma. Abrió el paquete, sacó una cerilla, la palpó y, cuando estuvo seguro de que era el lado correcto, la encendió. “Buenas cerillas”, pensó. El agujero, desprovisto ahora de su sombrío halo, era la entrada de un estrecho pasillo circular excavado en la misma tierra. Sus dimensiones eran las suficientes para avanzar sin agacharse demasiado. Restos de rocas y raíces sobresalían arriba y abajo. Habría jurado que gusanos y otros seres repugnantes se movían y reptaban junto a sus pies y sobre su cabeza. Se armó con el pico roto, anduvo diez pasos y encendió otra cerilla.

– ¿Vienes ya? -gritó.

– ¡Dame un momento! -respondió Prona, después de unos segundos que parecían no terminar para Arin.

Siguió andando diez pasos más y encendió otra cerilla. Al mirar de frente Arin no veía más que oscuridad, pero al mirar a los lados podía vislumbrar justo enfrente una figura sin forma a lo lejos. “¿O está cerca?”. Una mancha invisible, blanca, verde, de varios colores y ninguno a la vez. “Sigue”, le decía la voz de Prona.

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“La xerrada”

Justo delante de mi vivienda suele haber, una vez por día o cada dos días y en cualquier momento del mismo, un vehículo pitando o alguien gritando delante de la puerta de una pequeña finca. Al parecer, el dueño no tiene timbre, o si lo tiene no funciona o no lo oye. Lo veo y oigo todo desde mi ventana: el estrés de no saber si te van a abrir la puerta, el cansancio por tener que esperar, la ira que te impulsa a gritar más y más fuerte y la cara del dueño cuando, por fin, se digna a abrir la puerta, llena de ira algunas veces y de disculpas en otras. Hace poco vino un tipo en moto, gritó unas cuantas veces, el dueño abrió y el motero se fue, no sin antes discutir un poco. Los gritos, ya os digo, se oyen desde aquí, y cada vez que presencio estas escenas no puedo evitar preguntarme: ¿vale la pena empezar a hacer sonar el claxon en medio de la calle? ¿No hemos avanzado ya lo suficiente como para comunicarnos sin molestar a personas inocentes? ¿Por qué demonios alguien que tiene tantas visitas no arregla el timbre o está pendiente de él? Supongo que hay gente que nunca aprende.

Para mi fortuna, los años que tengo y que van pesando más con el tiempo no suponen una barrera del todo infranqueable para la adquisición de nuevas ideas. Hoy mismo he leído una noticia fantástica, sobre algo de lo que no tenía ni idea que existiera: la primera familia reconocida de género fluido. No sabía, ya digo, que pudiera existir algo así, por lo que me he informado un poco y, en resumen, estas personas no se identifican con un solo sexo, si no que van alternando entre masculino y femenino (y otros, según dice la wikipedia; parece que hay bastantes). Esta familia, y como no podía ser de otra forma en este tolerante mundo en el que la gente se enfada porque no les abran la puerta pero que no buscan formas alternativas o solucionar el problema, ha sido sometida bajo presión. Lógico, teniendo en cuenta que los y las homosexuales siguen siendo “perseguidos” o, al menos, no son vistos hoy en día como algo “normal” -uso comillas porque no es exactamente lo que quiero decir; la gente de bien como vosotros me entiende-, unos individuos que hoy pueden ser hombres y mañana mujeres o a las dos de la tarde neutrales y a las nueve de la noche los dos géneros a la vez, pues no resulta extraño que sean insultados hasta la saciedad. Ya sabéis que, mientras no haga daño a nadie que no se lo merezca, para mí la gente puede hacer lo que quiera. Sin embargo, como se dice en la noticia, se trata de una familia, lo que debe incluir algún vástago. Y así es. Y no puedo evitar preocuparme por él después de esta frase:

“Nunca le decimos a Star que es un niño, le decimos que puede ser lo que quiera”

Vale. Alto ahí. Cuanto antes sepa este niño lo asqueroso y vengativo que es el mundo, tanto mejor para él. Está bien -y hay que hacerlo, en mi opinión- alimentar la fantasía de los niños para que tengan una infancia maravillosa, pero decirles que pueden ser lo que quieran y pintar el mundo de color de rosa me parece demasiado descabellado. Dejad que el niño crezca y, cuando tenga dos dedos de frente, explicadle vuestra situación y dejad que elija. Me pongo un momento en la piel del niño y me entra un mareo bestial al pensar las situaciones tan rocambolescas que debe vivir a diario con sus padres/madres. Pero bueno, quién soy yo para opinar…

Pero Pepe, ¿tú no estabas de vacaciones? Sí. En un mes, o incluso antes, volveré. Echaba de menos escribir. Y a vosotros.

Hasta pronto.

 

-En pausa-

 

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Las altas temperaturas y las constantes distracciones que ocupan mi tiempo me impiden escribir cada semana. El año pasado me despedí temporalmente el miércoles 6 de julio por vacaciones; este año toca el miércoles día 5 y el año que viene -si hay- me despediré -si puedo- el día 4. Pero no temáis, algún que otro texto saldrá con las vivencias del verano. Las energías serán renovadas, los temas aireados y dispondré de mayor perspectiva para contemplar y planear el devenir del blog.

 

Este verano toca hospedarse unos días en un hotel, practicar montañismo, aprender cosas nuevas y puede que incluso toque viajar. Deseo que paséis un buen verano, aunque me conformo con que podáis estar tranquilos.

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Serpiente de media cola

Se avivan suculentos olores camuflados,

el gran manto negro cubre ya el coto,

la paz y la tranquilidad reinan por tradición,

es el momento de ponerse en acción:

de rastrearlos y hacerlos añicos,

de paralizarlos y mostrarles un destino ignoto.

 

Se arrastra y sale de su morada,

a cazar, llena de afán,

la serpiente de media cola.

 

Su diminuta lengua utiliza,

recoge muestras, las analiza.

Su presa confirma y persigue la serpiente,

y con un veloz movimiento le hinca el diente.

La sume en un largo letargo,

acompañado por un sabor amargo.

 

Rodea con disimulo, la desventurada captura,

la envuelve con su cuerpo, aprovechando su finura.

La de media cola, la llaman, refiriéndose a su cintura.

 

“¿A dónde ibas, tan lleno de seguridad?

Tu vida aquí termina, te llega la tranquilidad.

La naturaleza me da la razón,

por eso estamos en esta situación.

Con olfato, dientes, veneno y músculo

hasta el más grande se vuelve minúsculo.”

 

Se arrastra y vuelve a su morada,

a descansar, llena de afán,

la serpiente de media cola.

 

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Los Consejos de Pepe

En Twitter iba poniendo, muy de vez en cuando, algunas recomendaciones vitales -relacionados con la vida, no que sean importantes- que he recopilado para acceder a ellos sin complicaciones.

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Si la gente pasa de ti, pasa el doble de ellos.

Di no a las drogas, la vida es corta, no hagas que lo sea más. Es broma, drógate todo lo que puedas y vete bien contento.

Si crees que lo mejor para ti es quedarte en la cama, quédate, a veces es mejor no levantarse hasta el día siguiente.

Si una señora mayor te saca a bailar en la residencia de ancianos en la que te has colado, hazte el loco y sal corriendo.

Si no sabes qué twittear, pon alguna frase que suene bien o que haya dicho algún famoso.

Lávate bien el cabello y sécalo para no acatarrarte.

Tú, sí, tú, el que lo está leyendo, vete a hacer algo de provecho.

¿Eres un mal fotógrafo? No te preocupes, usa un montón de filtros para las fotos y arreglao’.

Si veis que insulto a alguien, probablemente sea a mí mismo. Me odio tanto como me quiero.

Si tienes que levantarte temprano, vete a dormir temprano, que luego tenemos que soportar tu cara y, créeme, no es fácil.

Bebe, pero no conduzcas. Conduce, pero no corras. Corre, pero no te estrelles.

Si alguien hace algo que no te gusta y previamente ha explicado que lo hace pensando en lo contrario, no te enfades.

Mete el agua en la nevera que hace calor.

Me había olvidado de que a veces daba consejos. Primer consejo de 2017: hazte con una agenda y organízate, por dios.

No bebas con el estómago vacío si no quieres ahorrar alcohol.

Si la constancia no es una de tus virtudes no empieces algo que sabes que no podrás acabar.

Si l@ quieres, déjal@ ir. Lo que importa es el dinero. Con dinero puedes comprar todo el amor que quieras.

Si no sabes a quién votar no votes a los que sabes que roban. Cojones.

 

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Mosquitos, éxodos e hipnosis

El olor a sal era nuestra estrella polar. Una estrella que debíamos seguir con nuestro delicado e inexperto olfato para llegar a nuestro ansiado norte. En Aranjuez había una playa en el Tajo, La Pavera. Hoy en día es uno de los lugares donde no querría estar ni un minuto: el agua que queda está sucia, hay mosquitos a tutiplén y ni siquiera es una playa. No sé si en realidad está considerada una playa o si éramos nosotros lo que decíamos que era una playa… Cuando era niño estaba mucho mejor, claro, tanto la piscina como yo; de joven también, pero no tanto. Aún así, a mis colegas y a mí no nos gustaba ni aquel lugar ni que conocidos nos observaran. Ansiábamos aventuras y libertad.

El viaje hasta Barcelona estuvo repleto de ambas. Claro que también hubo espacio para el cansancio, el “quiero volver a casa” y el “sigue o volverás con una cara nueva”. Fui con algunos que ya conocéis. Es gracioso de recordar: aquel verano hubo un pequeño éxodo temporal de jóvenes. No éramos los únicos que partían a otro lugar. Es más, partimos con más gente que también se dirigía a Barcelona. Cuanto más cerca estábamos de nuestro destino, más separados nos quedamos los unos de los otros hasta que se formaron pequeños grupos de viajeros. Para cuando ocurrió, tan solo restaba andar un poco y coger un autobús. Llegamos a Barcelona caminando, maldiciendo y aprovechando cualquier transporte disponible. Hay playas más cercanas a Aranjuez, pero éramos jóvenes y Ferrán tenía unos parientes allí que amablemente nos dejaban estar unos días en un apartamento, cerca de la playa. La última vez que estuvo ahí, Ferrán era apenas consciente de su consciencia, así que nos guiamos con la nariz hasta la playa y desde ahí utilizamos la hipnosis para que Ferrán se sumiera en sus recuerdos de niñez y nos guiara.

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La hipnosis no sirvió para nada, pero nos reímos bastante. Ahora que lo recuerdo, hubo un tiempo que estábamos muy pesados con la hipnosis. Lo vimos en algún programa y nos quedamos maravillados por los secretos de la mente. No tan maravillados como al contemplar la inmensa costa habitada por arena, gaviotas y turistas. Para alguien que ha vivido toda la vida tierra a dentro, ver por vez primera y en persona cómo es posible que el agua separe islas y continentes es un espectáculo abrumador. Claro que ya había visto la playa, pero un niño se fija en otras maravillas. La inmensidad del mar consiguió que mi joven yo se diera cuenta de lo poco que conocía del mundo y del poco significado que tenía en él.

Estuvimos algunos días explorando Barcelona, paseando por sus calles y contemplando sus monumentos; bebiendo en sus terrazas y empapándonos de su cultura. Nos divertimos mucho y regresamos con unas cuantas historias que mezclaban realidad y ficción. Pero por más que intente recordar los buenos momentos, no dejo de pensar qué habría sido de mí de haber dejado mi lugar de nacimiento para vivir en otro lugar. Supongo que en el fondo prefiero una burda piscina natural a la inmensidad del mar, porque cada lugar deja su huella en nosotros y de nosotros depende borrarla o no.

 

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